Por:

Camila Azeñas Uzquiano

Rita Segato llama pedagogías de la crueldad a todos los actos y prácticas que demuestran la cosificación de todo aquello que fluye de manera errante e imprevisible, como la vida. En ese sentido, estas pedagogías enseñan algo que va más allá del matar, enseñan a dejar apenas residuos en el lugar del difunto. Segato toma la trata y tráfico sexual como alegoría de las pedagogías de la crueldad, entendiéndose como un acto que captura la vida y la reduce a un objeto.

Sostiene que la repetición de la violencia genera su normalización, esterilizando las capacidades de empatía del espectador. Explica que el capital depende de que el ciudadano esté acostumbrado al espectáculo de la crueldad, por eso la empresa predadora promueve formas de goce consumistas, aislando a los ciudadanos y provocando una desensibilización al sufrimiento de los otros. Esta sujeción de las personas a condición de mercancía responde a las formas precarias del empleo y del salario, retornando así a las formas de trabajo servil.

¨Las relaciones de género y el patriarcado juegan un papel relevante como escena prototípica de este tiempo¨. En la masculinidad vemos implícita la afinidad obligada a la guerra, la crueldad, y la baja empatía. Las mujeres son empujadas al papel de objeto a disposición y de fácil desecho ¨ya que la organización corporativa de la masculinidad conduce a los hombres a la obediencia incondicional hacia sus pares -y también opresores-, y encuentra en aquéllas las víctimas a mano para dar paso a la cadena ejemplarizante de mandos y expropiaciones¨.

Fotografía: Rita Segato, por Martina Perosa (2019)

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