Por:

Hillary Robles

Mejor conocidos como superpotencias, existen países que llevan aquella denominación debido a elementos particulares e historias singulares; sin embargo, todos son Estados con posiciones dominantes en el contexto internacional, poseen influencia y poder global. Naturalmente, su principal motivación es conseguir y proteger sus intereses y, por ello, usarán todos los recursos disponibles para lograr sus objetivos.

El término se acuña y generaliza una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial, con el fin de responder a nuevos fenómenos que surgían en el sistema internacional: los Estados hegemónicos (en ese momento los EE.UU y la URSS), que ejercían dominación en gran magnitud. Al respecto, Henry Kissinger aludía que “las superpotencias parecen dos ciegos bien armados que se buscan en una habitación en la que cada uno se siente amenazado por el otro y cada uno piensa que el otro puede ver”.

Las características principales de estos Súper-Estados son: la capacidad y voluntad de ejercer una hegemonía, la disponibilidad de una fuerza militar de naturaleza nuclear capaz de provocar una guerra de destrucción masiva que pueda poner en peligro la existencia de toda la humanidad y, por último, una potencialidad económica y técnica suficiente como para mantener o incrementar su poderío.

Ilustración por Bruce Russell (1945)

Imagen